Chachi Pistachi

Aventura (relato)

Me levanté como en un día cualquiera. Es decir, con prisas.

Mi misión estaba clara. Me puse los pantalones mientras tomaba el café y la camisa mientras me lavaba los dientes. Salí al galope aún con un zapato desabrochado y no paré hasta llegar al metro, al que entré de un tropezón.

Una vez dentro, respiré, suspiré, me agaché y me até el zapato. Me sequé el sudor.

Me dispuse a enfrentarme al temible dragón y llamé por teléfono a mi jefe para explicarle que, de nuevo, el transporte público no funcionaba y que iba a llegar unos minutos —veinte— tarde. Conseguí esquivar milagrosamente las llamaradas de furia con mis toques de dialéctica. Evité también las dentelladas esgrimiendo el llanto. Pero no pude huir del coletazo final encarnado en unas pocas sílabas: «Ésta será la última vez, señor Rodríguez».

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